domingo, 23 de septiembre de 2012

"El Camino"



Sentir el asfalto de esa carretera bajo mis pies me reconforta, me hace sentir bien. He andado tantas veces ese camino que me llueven los recuerdos e imágenes de tiempos pasados. Un camino que siempre procuro hacer solo porque para mí no es sino un paseo espiritual, una visita esporádica a una parte de mi que está al final del mismo. A veces se cruzan personas a las que intento saludar con la mayor brevedad y amabilidad posible. Sé que al llegar al final del camino muchas emociones se entrelazarán dentro de mí pero no me importa. Me pregunto de qué forma sustituirán esta necesidad, y posterior satisfacción, aquellos cuyos seres queridos yacen en vasijas o han sido esparcidos al mar.


Mientras ando aprovecho la soledad del camino para cantar. Suelen ser canciones tristes porque por algún estúpido motivo pienso que a ellos les molestaría verme alegre. Conforme me acerco voy planificando la parafernalia que llevaré a cabo una vez llegue a mi destino. La carretera hace un pequeño giro a la derecha y ya puedo verlo.


Cuando veo los altos pinos que señalan al cielo me imagino que son nuestros antepasados reencarnados en árbol y que se estiran todo lo que pueden para poder alcanzar a ver su casa en el pueblo. Entro por fin y me dirijo allá donde descansan aquellos que un día me enseñaron lo que era la muerte. Descanso un rato sobre el mármol mientras pienso si estarían orgullosos de lo que soy, si dirían de mi que soy un hombre. Me despido uno a uno de ellos y me dirijo a la parte final de mi camino.
Todavía me parece oírla reír y es que ese es el último recuerdo que tengo de ella. No pude estar con ella al final, no le rogué que no se marchara, ojalá hubiera pasado más tiempo con ella, ojalá la hubiera llamado esos días, ojalá no hubiera estado tan ciego y hubiera previsto lo que inevitablemente iba a pasar. ¡Déjate de reproches! –pienso-.

Me parece imposible que esté ahí, tan sola, rodeada de madera, tierra y cemento. Me siento entre los ramos de flores y trato de recordar todos los buenos momentos que pasamos juntos. Veo pasar una mariposa blanca y por unos instantes la sigo con la mirada. Desaparece y vuelvo a pensar en ella. Pienso en lo injusta que es la vida llevándose tan pronto a personas como ella, si es que las hay como ella. Todo son buenos recuerdos, nunca la vi hacer nada malo y siempre sacaba mi mejor sonrisa. Hasta los últimos días fue la flor de la familia y siempre lo será.

Mientras pienso esto el sol se va perdiendo por el horizonte y decido que ha llegado la hora de volver. Me despido de ella y me prometo a mi mismo ser merecedor del amor que ella nos dio y que siempre estará con nosotros. Dejo atrás la madera, la tierra, el cemento, las flores y los pinos.

Con una sensación extraña mezcla de alivio y nostalgia me dirijo al principio del camino, allí donde todo sigue su curso, porque la vida sigue y debemos aprovecharla. Miro atrás, sonrío, ando, canto y pienso en volver otra vez dentro de un tiempo.

Mariano Pleguezuelos Sánchez

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.